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lunes, 6 de mayo de 2013

EL JUEGO COMO PRINCIPIO Y ESTRATEGIA DIDÁCTICA EN EDUCACIÓN INFANTIL





Piaget (1986), “vincula la capacidad de jugar a la capacidad de representar o de simbolizar, lo cual ocurre en el primer año de vida y se desarrolla durante el segundo y tercer año. Esta etapa se caracteriza por el “imaginar o fingir” y es la base del desarrollo del juego social”.
De esta manera lo planteado por Piaget, refuerza el hecho de que el juego permite la enseñanza al niño de saberes que van a permitirle alcanzar de manera satisfactoria su desarrollo optimo en las diferentes áreas de aprendizaje, especialmente en la que comprende la motricidad fina.
Según Calderón (2005), define el juego infantil como “actividad que puede abordarse desde muchos puntos de vista, uno de ellos el educativo, con el juego el niño pone en marcha los mecanismos de su imaginación, expresa su manera de ver el mundo que lo rodea, de transformarlo, desarrolla su creatividad y le da la posibilidad de abrirse a los demás”.
Es a través del juego que el docente puede llegar a enseñar a los niños en edad preescolar de manera tal que active y mantenga su imaginación en todo momento y lleve a la práctica dichos conocimientos de forma productiva y eficiente.
La actividad más importante de un niño en edad preescolar es el juego. Es la manera específica en que el niño conquista su medio ambiente. Mientras juega adquiere conocimientos y técnicas que tendrán gran valor en su actividad escolar y, más tarde, en la vida, en el trabajo. Al jugar, el niño desarrolla formas de conducta importantes para su actitud hacia el aprendizaje y la comunicación  social. Es por eso que se puede afirmar que el juego determina el desarrollo completo del individuo.
Los niños necesitan estar activos para crecer y desarrollar sus capacidades, el juego es importante para el aprendizaje y desarrollo integral de los niños puesto que aprenden a conocer la vida jugando.
Los niños tienen necesitan hacer las cosas una y otra vez antes de aprenderlas por lo que los juegos tienen carácter formativo al hacerlos enfrentar una y otra vez, situaciones las cuales podrán dominarlas o adaptarse a ellas. A través del juego los niños buscan, exploran, prueban y descubren el mundo por sí mismos, siendo un instrumento eficaz para la educación.
El juego es un ejercicio que realiza el niño para desarrollar diferentes capacidades:
·         Físicas: para jugar los niños se mueven, ejercitándose casi sin darse cuenta, con lo cual desarrollan su coordinación psicomotriz y la motricidad gruesa y fina; además de ser saludable para todo su cuerpo, músculos, huesos, pulmones, corazón, otros., por el ejercicio que realizan, además de permitirles dormir bien durante la noche.
·         Desarrollo sensorial y mental: mediante la discriminación de formas, tamaños, colores, texturas, otros.
·         Afectivas: al experimentar emociones como sorpresa, expectación o alegría; y también como solución de conflictos emocionales al satisfacer sus necesidades y deseos que en la vida real no podrán darse ayudándolos a enfrentar situaciones cotidianas.
·         Creatividad e imaginación: el juego las despierta y las desarrolla.
·         Forma hábitos de cooperación, para poder jugar se necesita de un compañero.
·         El juego hace que los bebés y niños pequeños aprendan a conocer su cuerpo, los límites de él y su entorno
Los niños deben disfrutar de sus juegos y recreaciones y deben ser orientados hacia fines educativos para así conseguir el máximo beneficio. En un inicio, los niños sólo se desenvuelven por la percepción inmediata de la situación, hacen lo primero que se les viene a la mente, pero este tipo de acción tiene sus límites sobretodo cuando hay problemas; mediante el juego el niño aprende a desenvolverse en el ambiente mental, utilizando el pensamiento para ir más allá del mundo externo concreto, logrando guiar su conducta por el significado de la situación obligándolo y motivándolo a desarrollar estrategias para la solución de sus problemas. A partir de los dos años de edad, el niño comienza una nueva etapa de juego utilizando su experiencia anterior para conseguir nuevos aprendizajes más elaborados debido a que la naturaleza de sus juegos cambiará porque está desarrollando su capacidad para pensar el sus nuevos descubrimientos, comienza a comunicarse fluidamente, amplia su vocabulario y cuenta con un mejor dominio de su cuerpo (motricidad gruesa y fina), haciendo que busque nuevas experiencias, compañeros de juego para desenvolver su imaginación participando más en el mundo de los adultos.
La etapa escolar significa otro escalón en el progreso de sus juegos, ahora juegan en el colegio y al llegar a casa siguen jugando y poniendo en práctica lo que han vivido y aprendido en el colegio, imitando la realidad, representando por medio del juego simbólico todo lo que han vivido o quieren vivir, permitiéndoles exteriorizar sus emociones: alegrías, sentimientos, momentos difíciles, frustraciones, otros.
Constituyen una forma de relación muy constructivista y en este sentido los trabajos a investigar se clasifican de acuerdo a las siguientes categorías:
Juego de descubrimiento: favorece el desarrollo intelectual a la capacidad de plantearse problema de una manera creativa y de resolver los acuerdos a la capacidad de moverse en varios estudios de desarrollo conceptual.
Juegos sociales: influyen en el desarrollo social y general, tiene que ver con la capacidad de colaborar y cooperar con otras personas ayuda a la fluidez de la comunicación, aprender y valorarse así mismo.
Juegos imaginativos: proporciona ocasiones de expresar emociones, actuar y resolver aspectos problemáticos al momento de suceder, realizar deseos y ambiciones capacidad imaginativa.
El juego creativo: desarrolla la destreza de coordinación pequeñas escalas, destrezas de pensamiento  conceptual, abstracto lateral, repuestas creativas a problemas y capacidad para expresión y auto-expresión y la seguridad de ellos.

domingo, 5 de mayo de 2013

PRINCIPIOS METODOLÓGICOS DE LA EDUCACIÓN INFANTIL



Los principios metodológicos son el conjunto de planteamientos que guían a la forma en que se organizan, regulan y relacionan entre sí los diversos componentes que intervienen en el proceso de aprendizaje: objetivos, contenidos, actividades y recursos y muy especialmente alumnos/as, docentes y comunidad educativa.
Dentro de las aportaciones de los principios metodológicos, encontramos la aparición de la Escuela Nueva.
La Escuela Nueva estaba formada por un grupo de autores que centran su actividad en la búsqueda de métodos alternativos a los tradicionales, y que defienden una nueva concepción del niño/a, de su actividad discente y de su desarrollo integral.
La Escuela Nueva nació en Europa y en los Estados Unidos, donde también se le llamó Escuela Progresista. Se dio a partir de la I Guerra Mundial (finales S.XIX y principios del S.XX), pensando en la educación como instrumento de paz, para formar en la solidaridad y en la cooperación. Estuvo constituido por realizadores diversos, aunque partieron de las mismas bases y de la necesidad de transformar la escuela. Son un conjunto de principios encaminados a revisar y transformar las formas anteriores de educación (las tradicionales). Esta debía ser obligatoria, universal y gratuita.
Desde los últimos años del siglo pasado muchos educadores comenzaron entonces a considerar nuevos problemas, tratando de resolverlos con la aplicación de recientes descubrimientos relativos al desarrollo infantil. Otros intentaban variar los procedimientos de enseñanza, transformar luego las normas tradicionales de la organización escolar (una escuela nueva).
Los autores más importantes de esta renovación pedagógica del siglo XX son entre otros Montessori, Freinet, Declory, Neill, Fröebel y las hermanas Hagassi.
Las ideas básicas de esta corriente eran: la globalización e interdisciplinariedad de los contenidos, la búsqueda de actividades motivadoras y significativas, el desarrollo de la capacidad creadora y la importancia de la colaboración familia-escuela en la educación de los niños/as.

Es labor del docente y de los equipos de ciclo, de forma coordinada, de establecer las metodologías concretas a través de las cuales se van a llevar a cabo estos principios, estableciendo pautas de actuación precisas. A continuación vamos a ver cada uno de ellos:
1.      Partir del nivel de desarrollo del alumno/a
2.      Principio de actividad
3.      Principio de intuición
4.      Principio de interés (motivación)
5.      Principio de generalización o transferencia
6.      Principio de individualización
7.      Principio de socialización
8.      Principio de juego
9.      Principio de creatividad
10.  Principio de afectividad y relación
Además de estos principios educativos, también encontramos principios organizativos en cuanto a la organización del espacio, del tiempo, de los materiales etc.

miércoles, 17 de abril de 2013

PLANIFICACIÓN PARA EL PROCESO DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE EN LA EDUCACIÓN INFANTIL


Debemos de entender el proceso de desarrollo (formación progresiva de las funciones propiamente humanas como el lenguaje, el razonamiento, la memoria, la atención o la estima) desde una perspectiva constructivista repercute en nuestra intervención y planificación como maestros y maestras en el proceso de aprendizaje (mediante ellos incorporamos nuevos conocimientos, valore y habilidades que son propios de la cultura y la sociedad en que vivimos) del alumnado.
Podemos considerar que esta etapa de Educación Infantil tiene entidad propia; conviene no caer en la trampa de dejarnos llevar por las exigencias que pueden manifestarse desde las etapas posteriores de la enseñanza.
Es esencial saber qué queremos enseñar y porqué. A partir de aquí encontraremos las diversas maneras de alcanzar nuestro objetivo. La reflexión sobre qué queremos que aprendan los pequeños durante la etapa es un elemento fundamental para proporcionarle coherencia. Aprendemos  a través de la relación que establecemos con los objetos y las personas. Es fundamental proporcionar experiencias variadas a los niños y ayudarles a establecer relaciones entre todo lo que experimentan. Todo cuanto queremos que aprendan desde el nacimiento hasta la los seis años puede considerarse contenidos de aprendizaje de esta etapa. Es importante identificar las particularidades de cada ciclo ya que esto nos ayudará a determinar los objetivos propios que queremos alcanzar en cada uno de ellos. Es obvio que hay diferencias entre lo que necesitan los bebés de un año y lo que necesitan los de cuatro; la identificación de estas necesidades distintas nos ayuda a pensar en el currículum propio de cada una de las edades y de los dos ciclos.
La Educación Infantil constituye la etapa educativa con identidad propia que comprende a niños/as desde el nacimiento hasta los 6 años de edad, distribuidos en dos ciclos de educación infantil: el primero comprende desde los cero a los tres años de edad, y el segundo ciclo desde los tres hasta los seis años.
La Educación Infantil tiene carácter voluntario y su finalidad es la de contribuir al desarrollo físico, afectivo, intelectual y social de los niños/as. Además tiene los principios generales de transversalidad, integración y globalidad.
Del mismo modo que en otras etapas educativas, el objetivo de la educación no es exclusivamente el rendimiento de los niños; en la educación infantil, las propuestas didácticas, las intervenciones del profesorado y todo cuando constituye la práctica educativa es igualmente susceptible de evaluación.  La evaluación  está al servicio de una enseñanza capaz de dar respuesta a las necesidades de los diversos alumnos que constituyen un grupo. La función básica de la evaluación en esta etapa consiste en proporcionar información que permita regular la enseñanza, ajustarla y adecuarla a los diferentes usuarios a los que va dirigida.
Del mismo modo que hay que cuidar la evaluación, las situaciones, los instrumentos etc, también hay que cuidar los medios y las formas a través de las cuales comunicamos la información procedente de la evaluación a los diferentes destinatarios posibles. Conviene reflexionar sobre cómo la utilizarán y cómo podemos ayudarles a utilizarla en beneficio del niño.
En cuanto a los niveles de concreción curricular encontramos:
-          Primer nivel: Enseñanzas mínimas (Gobierno del Estado)
-          Segundo nivel: Decreto de Currículo (Comunidades Autónomas)
-          Tercer nivel: Programaciones didácticas (Equipo docente del centro educativo)
-          Cuarto nivel: Programación de aula (Maestro)

Por último, podemos ver la importancia del trabajo cooperativo. El trabajo en equipo no es opcional; es un requisito para una enseñanza coherente, basada en principios compartidos que eviten lagunas y repeticiones innecesarias. Es un requisito para una enseñanza de calidad.
La elaboración de un proyecto de centro es una herramienta crucial para progresar en una propuesta educativa de calidad, ya que exige el trabajo en equipo en torno a cuestiones fundamentales; ¿qué enseñamos y por qué?, ¿cuándo y cómo lo hacemos?, ¿cómo evaluamos que nuestros esfuerzos tengan éxito?
Elaborar un proyecto de centro es un proceso y un hito. No se hace para guardarlo en un cajón, sino para llevarlo a la práctica y, posteriormente, a partir de las actuaciones e intervenciones realizadas, modificarlo y enriquecerlo constantemente. 

martes, 9 de abril de 2013

ESCUELA Y FUNCIÓN DOCENTE EN EDUCACIÓN INFANTIL: CONDICIONES DE CALIDAD Y EFICACIA


La categoría infancia, si bien remite a un conjunto definido de sentidos, en ocasiones se la utiliza para nombrar realidades muy diversas de manera uniforme. Es por ello que se vuelve imprescindible, anclar el concepto de niñez, en los marcos sociales e históricos que condicionan o habilitan diferentes maneras de ser niños.

Según algunos autores, es posible considerar la infancia desde una perspectiva psicobiológica, cuando nos referimos a ella atendiendo, al tiempo biológico que se extiende entre el nacimiento y la pubertad, y al tiempo de estructuración del aparato psíquico en la interacción con otros; y desde una perspectiva socio – histórica, como un tiempo cultural construido por los adultos, es decir como la institución cultural de un determinado lugar en la cadena generacional.
La Educación Infantil, en sentido amplio, hace referencia a la educación, a la “atención educativa, ofrecida durante los años comprendidos entre el nacimiento y el comienzo de la escolaridad obligatoria. En un sentido más restringido, podríamos hablar de la educación infantil formal que haría referencia a la educación institucional ofrecida a los niños de estas edades en cualquiera de los centros educativos dedicados a ello.
La educación infantil formal nació impulsada básicamente por motivos “extrapedagógicos”, lo que no quiere decir que no se pensara en ella como importante para lograr buenos resultados educativos posteriores. Al hablar de educación preescolar, se pone el acento en lo que viene después mientras que la expresión educación infantil indica que nos referimos a una etapa determinada que, cada día, más, tiene sentido en sí misma y no se justifica sólo como preparación para etapas posteriores.
En conclusión, la Educación Infantil ha ido evolucionando desde la antigüedad hasta nuestros días, en los que cada vez se estudia e investiga de forma que podamos realizar nuestra labor como docentes teniendo en cuenta los estudios precedentes, tanto de psicología como de pedagogía, para incorporarlos en nuestros trabajo con los niños/as.
En cuanto a los factores para una Educación Infantil de calidad, creo que es importante destacar aspectos como:
-       Organización de los espacios
-       Equilibrio entre iniciativa infantil y trabajo dirigido a la hora de planificar y desarrollar las actividades
-       Atención privilegiada a los aspectos emocionales
-       Uso de un lenguaje enriquecido
-       Diferenciación de actividades para abordar todas las dimensiones del desarrollo y todas las capacidades
-       Rutinas estables
-       Materiales diversificados y polivalentes
-       Atención individualizada a cada niño y a cada niña
-       Sistemas de evaluación, toma de notas, etc., que permitan el seguimiento global del grupo y de cada uno de los niños/as
-       Trabajo con los padres y madres y con el entorno (escuela abierta)

ESCUELA Y FUNCIÓN DOCENTE EN EDUCACIÓN INFANTIL: CONDICIONES DE CALIDAD Y EFICACIA II


En primer lugar desarrollamos el concepto de competencia como el conjunto de conocimientos, destrezas y actitudes necesarias para desempeñar una función dada, y para lo cual se requiere: contar con un conjunto de conocimientos especiales que permiten dominar como experto los contenidos y tareas propias de cada ámbito profesional.
En el Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES) el estudiante cobra un perfil más destacado. El sistema, diseñado conforme a la filosofía ECTS (European Credit Transfer System), convierte al “crédito” en la unidad básica de planificación, de actuación y de evaluación. Este concepto va siendo conocido y aceptado, pero no sucede lo mismo cuando a dicho sistema de créditos se le vincula con el aprendizaje por competencias. Esta situación es particularmente llamativa por las implicaciones estrechas y relevantes que debiera tener, al menos, en tres niveles: en la formulación de los títulos, en la utilización de métodos, actividades y recursos de aprendizaje, y en la evaluación.
En este tema también encontramos la importancia del proyecto Tuning. The Tuning Educational Structures in Europa Project, define la “competencia” desde una perspectiva integrada, como “lo que una persona es capaz o competente de ejecutar, el grado de preparación, suficiencia y/o responsabilidad para ciertas tareas”.
Las competencias se clasifican en transversales o generales y específicas. Las transversales son las propias del diseño de la titulación. Las específicas son el contrapunto y deben hacer explícitos los resultados de aprendizaje de una asignatura.
Las transversales, a su vez, se clasifican en instrumentales, interpersonales y sistémicas. Las interpersonales miden las habilidades de relación social y de integración en diferentes colectivos y la capacidad de trabajar en equipos específicos y multidisciplinares, esto es, se trata de las capacidades que permiten que las personas tengan interacción con los demás. Las sistémicas miden las cualidades individuales y la motivación en el trabajo, ya que exigen destrezas relacionadas con la comprensión de la totalidad como un sistema. Las competencias específicas se dividen en tres clases: las académicas o relativas a conocimientos teóricos (saber); las disciplinares o conjunto de conocimientos prácticos requeridos para cada sector profesional (hacer); y, finalmente, las de ámbito profesional, que incluyen tanto habilidades de comunicación e indagación, como el know how aplicadas al ejercicio de una profesión concreta (saber hacer).
En cuanto a las competencias profesionales que debe de tener el docente de Educación Infantil, se pueden resumir de la siguiente manera:
-          Conocer las características profesionales y personales implicadas en esta profesión.
-          Identificar cuáles son sus ámbitos de actuación como profesional de la educación.
-          Saber sus capacidades y funciones en cada uno de los campos en los que se puede actuar.
-          Reflexionar sobre las responsabilidades de la profesión con los niños/as, padres/madres, compañeros/as…
-          Analizar el compromiso de participación social
-          Mantener sus conocimientos al día con una formación continuada
-          Incorporar la ética a la acción profesional.
Por último, los maestros y maestras de Educación Infantil requieren desarrollar las habilidades y destrezas profesionales propias de la función docente de manera tal que asegure una eficiente implementación del currículo y que garantice una educación de calidad.

domingo, 31 de marzo de 2013

ENTORNO FAMILIAR COMO POTENCIADOR O LIMITADOR DE LOS PROCESOS EDUCATIVOS Y DE APRENDIZAJE EN LA INFANCIA



La familia a lo largo de la historia de la humanidad siempre ha sufrido transformaciones paralelas a los cambios de la sociedad. Las funciones de proteger, socializar y educar a sus miembros las comparte cada vez más con otras instituciones sociales como respuesta a necesidades de la cultura. De aquí que las funciones de las familias se cumplen en dos sentidos: uno propio de esta institución, como es la protección psicosocial e impulso al desarrollo humano de sus miembros, y en un segundo sentido externo a ella, como es la adaptación a la cultura y las transformaciones de la sociedad.
La familia no sólo debe garantizar a los niños condiciones económicas que hagan posible su desempeño escolar, sino que también debe prepararlos desde su nacimiento para que puedan participar y aprender activamente en comunidad. Dicha preparación demanda una gran variedad de recursos por parte de la familia; éstos son económicos, disponibilidad de tiempo, valores, consumos culturales, capacidad de dar afecto, estabilidad, entre otros.
Encontramos varias teorías que sustentan la influencia del contexto familiar en el proceso de aprendizaje de los niños en la etapa preescolar, a través de autores como Vigotsky, Ausubel, Bandura y Brown, Collins y Duguid.
Por ejemplo, según Bandura el funcionamiento psicológico es el resultado de la interacción entre la persona, la conducta y el entorno que lo rodea. En la persona intervienen las capacidades mentales y la memoria a esto lo llamó determinismo triádico. El resultado del aprendizaje produce capacidad de acción y desenvolvimiento, capacidad de poder actuar proactivamente conociendo el entorno y mediante el desarrollo de las capacidades cognitivas y a través de la conducta, trazar un rumbo de desarrollo, satisfacción personal y crecimiento.
Según autores como Perez Esclarin 1984, “la familia es el enlace fundamental del proceso de aprendizaje del niño en la transición del hogar a la escuela”.
Es en el hogar donde el niño en sus primero años de vida desde que nace hasta los cinco años, donde el afianza y reconoce sus valores morales que luego el docente en la escuela se encargara de la difícil pero hermosa labor de complementar, fortalecer y afianzar por completo estos principios y a su vez lograr hacer del niño un ser integral, capaz de desenvolverse en la sociedad cambiante del mundo moderno.
Por ello es necesario que los familiares y los docentes trabajen en conjunto ya que esta unión y confianza entre la familia el alumno y el maestro o docente favorece la integración del niño en la sociedad, así como también ayudar a solventar problemas familiares que en un momento determinado puedan afectar el proceso de aprendizaje del niño.
Este engranaje bien logrado y fortalecido con los vínculos del amor el respeto la sinceridad y la solidaridad mutua permite que se forme un ser humano integral.
Además de la importancia de la familia en los procesos educativos en la etapa infantil, también debemos de saber cómo es la sociedad en la que nuestros alumnos van a desarrollar esos procesos
La sociedad postmoderna genera alumnos que requieren velocidad, imágenes, multiplicidad de realidades y variabilidad. La educación actual debe basarse en cuatro pilares fundamentales: aprender a ser, a convivir, a hacer y a conocer; los alumnos requieren aprender a ser mejores personas, a convivir con la diversidad, a conocer, pues, que la información es la base fundamental de la era tecnológica, y a desarrollar praxis concretas en las tareas que la especialización de sus carreras y que la vida requieran.
La relación docente-alumno, desarrollada en la modernidad, pierde vigencia en estos tiempos. Era una relación vertical, en la que el docente custodiaba la verdad y ejercía una transmisión unidireccional de conocimientos: la relación tenía un maestro como dueño de la información, sin más recursos que una pizarra y una tiza, y a un alumno pasivo, como mero receptor. Este estilo pedagógico ya no encaja en la actual sociedad globalizada, con un entorno inestable y personalidades complejas.